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Un sofá alquilado

Estaba exhausto. Luego de un largo vuelo por fin había llegado a París, la ciudad luz. Y era cierto, del agotamiento y el frío empecé a ver luces en el aeropuerto. Luces de mareo y hambre. Y es que quise llegar a Francia en una época que no fuese tan caliente, como aquel viaje a Alemania en pleno verano, sudando a chorros, caminando en la noche buscando el hostal, pero eso hace parte de otra historia. Por lo pronto necesitaba descansar y buscar mi habitación. Aquella que había alquilado por medio de una plataforma de internet, porque ante todo, me gusta organizar bien mis viajes, consulto las reseñas de otros usuarios, y observo que el lugar sea central cerca de las zonas turísticas. Ya eran las nueve de la mañana y mis ojos pesaban como rocas. Mis párpados querían cerrarse en contra de mi voluntad, aun así logré llegar hasta la catedral de Notre Dame. Un séquito de turistas miraban con admiración este templo recién restaurado, apasionados, inflamados por el ardor de su visita a la Ciu...

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