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sábado, 3 de octubre de 2015

Elías y Matías (El espejo)

Esta es una nueva sección del blog donde dos personajes. Elías y Matías, reflexionan acerca de cualquier cosa. Elías es más bien alguien trascendental, filosófico, sensible...por otro lado Matías es un poco tosco, parco y con los pies en la tierra. El contraste de estos dos personajes nos puede llevar a la reflexión genuina de lo cotidiano o a la burla de lo que consideramos trascendental. O tal vez, simplemente pasar un buen rato leyendo a este par de locos. ¡Bienvenidos a la nueva sección!

ELIAS: Hola me llamo Elías
MATÍAS: ...Y yo Matías...
ELÍAS: Nos gusta decir monólogos...
MATÍAS: En este caso son diálogos, o monólogos de dos...
E: Bueno sí, es un diálogo, pero a veces me siento como diciendo un monólogo, porque Matías parece que no escucha o entiende lo que yo le explico. Y eso que trato de explicárselo de la forma más elaborada posible, con un lenguaje sencillo, detallado, pero no me entiende, y no estoy diciendo que sea bruto, es solo que a veces es demasiado literal.
M: Es verdad, yo creo que a veces eres un poco monólogo, mas mono que logo...
E: A ver, yo estoy hablando del lenguaje, del diálogo o de la ausencia del mismo, porque no hay un interlocutor válido y coherente, como tú...
M: Ya ves...bueno no te enojes. Tranquilízate, Y bueno...¿Cómo amaneciste hoy?
E: Bueno... a ver...¿sabes? Esta mañana me vi al espejo y no me reconocí.
M: Ah...¿Y eso? ¿Se dañó el espejo?
E: No. Digo, que...siento que he cambiado, por fuera y por dentro.
M: Si, pero ....¿Que tiene que ver el espejo?
E: Bueno, el espejo es como algo simbólico, es un espacio donde yo reflexiono, me evalúo y trato de sacar conclusiones, si he mejorado, si he logrado mis metas como ser humano.
M: Si...a mi no me gusta mucho usar el espejo porque me recuerda mi barriga. Y respecto a lo simbólico, pues bueno, el espejo no llega hasta allá, pero igual las bolas siguen allí, es decir, no necesito un espejo para saber que siguen allí...
E: ¡No estoy hablando de eso!
M: No, solo digo...es que...por ejemplo...a las mujeres les gustan los espejos grandes, verse de cuerpo entero, pienso que para evaluar su nivel de flacidez o cosas así...
E: ¡A ver Matías! ¡Eso no lo sabemos!
M: Bueno son suposiciones, claro que ellas sí son simbólicas en todo el sentido de la palabra.
E: ¡No estoy hablando de "esos" simbolismos!
M: A menos que se manden poner un par de bolas en el pecho y...
E: ¡Matías!
M: ....algunas exageran y se colocan no se que tipo de implante frutal, tipo sandía y...
E: Mira ...yo estoy hablando que el espejo es un lugar de reflexión.
M: Bueno, sí claro. El espejo refleja la luz, por aquello de que es un vidrio con algo pegado atrás, creo que es plata o aluminio.
E: Ay Dios...con usted no se puede...
M: '¿Qué pasó?
E: Que es un espacio o elemento que invita a evaluarnos.
M: Sí...las espinillas, en mi caso...y la barriga....también mirar que no haya pelos en exceso en la nariz.
E: Sí aparte de eso...
M: Claro, las lagañas...
E. Fuera de las lagañas, los pelos y las espinillas. Pienso que es el momento adecuado para reflexionar acerca de uno mismo.
M: Ese sería tu caso. Por ejemplo...a mí me gusta mas reflexionar cuando estoy cagando....
E: ¡Matías! ¡Oye más respeto, nos pueden estar leyendo los niños!
M: Perdón, perdón...cuando hago popis...es que me gusta reflexionar...cuando estoy en el punto cumbre, digamos....de mayor fuerza, me siento como...un ser humano débil y humillado, vil y despreciable...y luego, cuando miro mi obra de arte allí depositada, siento como cierto orgullo, satisfacción, es algo difícil de explicar.
E: Es respetable tu teoría. Todo filósofo puede llegar a esos momentos trascendentes en los momentos mas simples, coditianos, como en tu caso de la defecación.
M: ¿Cagando?
E: ¡Haciendo popó! Sí, o haciendo lo que sea....en fin...me refiero que cada persona puede aprovechar lo simple para trascender o aprender.
M: Por ejemplo...en la antigüedad... ¿Tú crees que este señor Platón...tendrá algo que ver su nombre con el lugar donde hacía popó? O sea, allí pudo obtener sus profundas reflexiones...
E: No..no...no...ese era su nombre y ya.
M: Bueno, uno nunca sabe...¿Pero a todas estas, para que reflexionar todo el tiempo? ¿Qué logra uno con eso?
E: Trascender
M: Y...
E: Crecer.
M: Y...
E: Ser mejor persona
M: ¿Por verse a un espejo?
E: No. Digamos, es aprovechar esos espacios para pensar un poco. La rutina, la ocupación, no dan mucho tiempo para pensar o evaluar nuestras vidas.
M: Claro...claro...aunque hay lugares que no lo dejan a uno reflexionar mucho. Por ejemplo, una vez entré a un baño de un cine y cuando me disponía a meditar escuché a una persona haciendo ruidos en el aposento contiguo...
E: ¿Qué clase de ruidos?
M: Pues...intestinales...
E: Ah, entiendo
M: Y yo, realmente quería, no sé porqué, pensar acerca de mi vida, de mi futuro y tenga...¡Un pedo!
E: ¡Gas!
M: Si, un gas...
E: Digo...que "gas"...¡qué hediondeces estás diciendo...
M: Bueno, bueno, para los niños entonces, un peito, una flatulencia, aunque no puedo decirles mentiras a los niños....¡fue una severa pedorrera!
E: Creo que nos desviamos del tema, no se que tiene que ver la mención de una "serie de flatulencias repetitivas" con nuestro discurso del espejo...
M: Sí, pues...no mucho...bueno...desde el lugar donde yo estaba sentado, alcancé a ver el espejo del lavamanos y por el reflejo alcancé a ver que el individuo a mi lado tenía unos zapatos rojos....
E: Creo que al menos la gente se ha llevado un buen mensaje, eso es lo importante.
M. ¡Sí, traten de no hacer popó en un lugar publico!
E. ¡No, eso no es!
M: Y mucho menos si no hay papel higiénico, no digo que me haya pasado, o sea lo digo como una sugerencia....
E: Bueno, ha sido suficiente por hoy.
M: Yo quería hablar más de eso, acerca de no sé...como llegar a trascender, con una bandeja paisa, o una buena ración de coliflor...pasar de lo gaseoso a lo sólido....y luego a lo líquido, digo...por aquello de los elementos, la esencia de nuestro ser...
E: Ajá....
M: Estoy hablando en serio, a mí me gusta la filosofía.
E: Creo que quieres es hablar de tus experiencias intestinales.
M: Pues es chistoso...¿No? Y así uno se va desahogando de esas cosas que uno lleva entre pecho y espalda.
E: Mas bien entre el vientre y la nalga.
M: ¿Si ves? ¡Tú tambien puedes ser chistoso!
E. jajajjaj....sí...ejem....¡disculpen!...bueno,...¡Ya! ¡Señor, me tengo que ir!
M: Listo don Elías, lo espero la próxima semana, para que reflexionemos con otro cafecito.
E. Bueno, lo espero, pero la próxima sea más serio.
M: Yo soy serio, es que usted es demasiado filosófico  y a la gente eso le da como pereza.
E. Ya veremos, ya veremos...hasta lueguito.
M. ¡Chao!

viernes, 3 de julio de 2015

Un viaje a Quito


Una nueva aventura se perfilaba en el horizonte. Un paseo a una nación hermana, una nación querida, un país desconocido hasta entonces, un misterio por develar. El día había llegado y salimos a pasear al Ecuador. Decidimos evitar las carreteras colombianas y volar directo a Pasto. Cuando llegamos  experimentamos un cálido ambiente, algo familiar, era como algo cercano. Y es que mis padres son boyacenses y el ambiente nariñense, la gente, el clima son similares a Boyacá. También son paperos. Yo soy bogotano pero tengo en mí ese olorcito, ese aroma, algo de esencia boyacacuna en mis venas que no lo puedo ocultar. Los paisajes, las caras campesinas de herencia indígena, las construcciones coloniales tienen ese sello característico de las poblaciones del interior.

El aeropuerto de Pasto no queda en Pasto. Queda en el municipio de Chachagüí. De allí tomamos un taxi los tres y una pasajera más. Luego de veinte minutos llegamos a Pasto y dejamos a la chica en un hotel muy bonito ubicado cerca al centro de la ciudad. Mi papá dijo que por qué no nos quedábamos en ese hotel. Se veía que era un hotel agradable, moderno, pensé por unos segundos que podríamos bajarnos en ese lugar, pero decidí respetar la reserva que tenía. Cuando uno busca hotel por internet, por obvias razones, uno se pregunta si la opción que uno ha seleccionado es la mejor, ya sea por seguridad, ubicación, transporte, etc. Uno lee los comentarios y las puntuaciones para hacerse a una idea de más o menos como va a ser el hotel. Usualmente hay algunas fotos (algunas muy cercanas para despistar), pero uno realmente no lo descubre sino hasta que llega  al lugar.

Cuando llegamos al hotel, nos dimos cuenta que no era tan bueno como el de la muchacha. Mi papá dijo que porqué no nos habíamos bajado en el hotel anterior. Yo le dije: - Hay que respetar la reserva-. Porque es que uno se compromete, así sea por internet y yo digo una de las cosas: hay que sostenerse hasta el final, porque es en que este país lo que menos vale es la palabra, y eso tenemos que recuperarlo. Claro que el hotel pues no estaba muy bien ubicado que digamos, más bien  era una zona de talleres de carros. Algo así como el  7 de agosto en Bogotá. Pero bueno, luego nos consolamos al saber que la ducha de la habitación tenía su buen chorro de agua. Porque es que un baño de hotel que se respete, tiene que tener su buen chorro de agua, relajante, ese chorro que pega en la espalda, es como...una chorroterapia...¡Sabroso!

En la noche sí escuchamos algunos ruidos porque, pues, las paredes de las habitaciones no es que tuvieran mucho aislamiento acústico que dijéramos. Se escuchaba la telenovela que estaban viendo en la habitación contigua. Luego a eso de la medianoche alguien timbró como dos veces. Pero no era ese timbre de acústica agradable como por decir: -¡Ding dong!-,  sino de esos que hacen:
- ¡Riiiiiing!-, y bueno finalmente logré conciliar el sueño. Minutos después creo que mi mamá empezó a roncar y me desperté de nuevo. Golpeé varias veces la cabecera de la cama con la mano, tratando de despertar a mi madre, para así lograr que cambiara de posición o que reaccionara. Parece que funcionó.

Al día siguiente salimos a buscar el famoso plato de la región: el cuy. Debo reconocer que no me disgustó. Es tostadito con un ligero sabor a  pollo. Lo pedimos en trozos de manera que no lo pudiésemos ver completo, como una rata despernancada en el plato. Eso sí, la cabeza estaba ahí, pero chamuscada. No se veían bien los bigotes, tal vez un poco los dientes. Creo que mi mamá chupó la cabeza. A ella también le gusta chupar la cabeza del pescado y comerse los ojos. A mí no. Me parece que la consistencia viscosa de los ojos se me asemeja a la de...un ojo...viscoso. De todas maneras mientras masticaba, intentaba pensar que estaba comiendo un delicioso pollo tostadito. Sabía que no estaba comiendo una rata, pero sí de la familia de las ratas. Por decir el primo de una rata. Ahora, insisto, trataba de no pensar en estos parentescos de primer grado para que pudiese deglutir el alimento, que por cierto sabía bien. Especialmente el cuerito tostadito. Parecido al de la lechona. Por eso era mejor pensar que me estaba comiendo una especie de lechona con pollo, algo así. Ese fue mi truco sicológico. Y de verdad yo les recomiendo que cuando puedan se coman un cuy, es rico. Solo que no piensen en la rata, ni los ratones o animales así. A menos que ames las ratas y bueno, ya tu dirás:
 - ¡Que rata tan rica!

En Pasto nos quedamos un par de días y luego fuimos a Ipiales. Allá pasamos otra noche y fuimos a ver cine. Era la película de Los pingüinos de Madasgacar. La sala estaba completamente vacía. Eso pensamos por lo menos hasta que escuchamos unas risas. No eran espantos sino unos niños que no habíamos logrado visualizar por su baja estatura. Yo le dije a mi madre que no se fuera a dormir, porque ella usualmente "duerme película". La verdad es que finalmente los tres "dormimos película"... ¡Fue una siesta muy divertida!

Ya en Ecuador, ibamos rumbo a Cochabamba y algo que me llamó la atención es que también se suben vendedores a los buses. Yo esperaba que el vendedor repartiera algún producto como chocolates marca Gato importados de Venezuela o Kazajstán, pero cual sería mi sorpresa al ver que el chico repartía una lonja de bocadillo completa. Sí, el bocadillo de guayaba, y no era el pedacito, no. Era la lonja. Tal vez allá sea normal, pero en Colombia no lo he notado. Es como si aquí un vendedor se subiera a la buseta y repartiera totumos con arequipe, manjar blanco o una libra de queso. Y pues de hecho hubiera sido bueno que tuviera queso, porque es que el bocadillo así  solo como que empalaga.

En Cochabamba nos hospedamos en un apartamento que era propiedad de una ecuatoriana que estaba casada con un español.  Estaba algo lluvioso y  el primer día no conocimos mucho. Mi padre dijo: -¿Por qué no nos vamos ya para Quito?-. Yo le dije que había que respetar la reserva. Había hecho reserva para dos días. Y es que yo digo una de las cosas, cuando uno da su palabra pues hay que mantenerla ¿no? Y es algo que se ha ido perdiendo, se ha ido perdiendo... Es que mi papá es algo apresurado y pensaba que no había nada más para ver. Pero al día siguiente pudo ver el Parque de los cóndores y se dio cuenta que había valido la pena esperar.

Esa noche, estábamos en la plaza principal de Cochabamba y tomamos un taxi al apartamento. El chico del taxi no siguió bien nuestras instrucciones. Iba como un bólido mientras hablaba por celular. Le dimos la dirección pero tal vez esperaba que le diéramos mas señas. Finalmente nos dejó en una esquina de un lugar oscuro. Le hicimos el reclamo pero parece que hablaba otro idioma: quechua...nahuatl...arameo...extraterrestre...no sé...no reaccionaba...permanecía impávido esperando su pago. Le pagué y siguió su camino e hizo caso omiso de nuestra investidura de turistas. ¿Y ahora quién podrá defendernos? Pedimos un celular prestado pero casualmente "nadie tenía minutos". Finalmente un señor se compadeció de nuestra situación y nos llevó en su carro. Estabamos a unas cinco cuadras pero uno en medio de la noche, del susto, se atortola y no sabe ni para donde coger.


Estuvimos tres días en Quito.  Luego regresamos de nuevo por Pasto. Dijimos que sería bueno hospedarnos en el hotel en el que se había quedado la muchacha. Al menos una noche en un buen hotel. Ya estábamos cansados y era justo un buen descanso, una buena ducha, con un buen chorro de agua. Yo estaba dispuesto a pagarlo. Mi papá entró primero y preguntó el precio. Le pareció caro. La señora de la recepción dijo: - Si quieren miren la habitación-. Pero mi papá estaba en plan de ahorro y salió de inmediato.  Luego nos encontramos con unos policías que nos recomendaron un lugar cerca de allí, muy cerca a la plaza principal de Pasto. Una chica policía nos dijo que ellos se hospedaban con frecuencia allí.

Llegamos al hotel y el lugar no estaba tan mal. La tarifa era muy económica y mi padre no quería que gastáramos mas plata. Cuando me acosté en la cama, sentí que el colchón era un poco rígido, levemente deforme. La cobija era delgada, algo desgastada y tenía un olor un poco fuerte, como a viejo, moho, a guardado...y a no sé que otros sucesos que pudiesen afectar a una cobija. Sentí un poco de rasquiña después en todo el cuerpo. Era como si la cobija tuviera algunos agentes alergénicos en su superficie. Creo que era un hotel perfecto para un policía...en combate...una especie de trinchera. Pulgas no había eso sí...era lo rescatable. ¡Ah! Y los cuadros de la habitación...sí, bonitos...

Fue un viaje agradable porque conocimos muchas cosas del sur de Colombia y Ecuador. Lo mejor fue que compartí con mis padres y esos momentos son inolvidables. Y claro está, aprender de las experiencias: No olviden buscar un hotel que tenga buen chorro. ¡Eso jamás!




domingo, 19 de abril de 2015

Algunas cosas que se ven en un gimnasio

El otro día fui a un gimnasio y estaba un señor de unos 60 años pasados haciendo su rutina. Estaba arrodillado, en posición de súplica, mientras halaba unas cuerdas hacia sí mismo, ejercitando sus bíceps. En realidad no es que su pose fuese fuera de lo común, aunque en realidad casi nunca se usar estas máquinas con poleas, sino más bien lo notorio eran los sonidos que emitía mientras lo ejecutaba. Cada vez que hacía el ejercicio emitía bufidos, gemidos y otros sonidos más cercanos a eso que llaman sexo. Esa era su forma de expresar su esfuerzo descomunal. Estaba a punto de decirle:

   - Señor, por favor, váyase a un cuarto o algo así...

Y es que en los gimnasios, cada persona tiene su estilo para tratar de darle alguna forma al cuerpo y mantenerse en forma. ¿En forma de qué? No lo sé, pero todos intentamos combatir esos kilos de más y ¿por qué no?, tambien lucir un poco más atractivos...en teoría por lo menos...
He aquí algunos de los personajes que a veces se ven por ahí, especímenes de nuestra fauna gimnástica:

El bufón:
No es el payaso, sino como ya mencioné, es aquella persona que requiere emitir bufidos, sonidos que surgen desde las entrañas, gemidos o cualquier otra clase de ruido que le proporcione a su psiquis una motivación de que efectivamente está haciendo un esfuerzo considerable, y que está de algún modo consiguiendo algún resultado.

El karateka:
Aquel que en lugar de gemidos, utiliza gritos. A veces lanza una que otra patada al aire.

El atleta del celular:
Es la persona que entre serie y serie, tarda unos 20 minutos chateando y en general se la pasa con la mirada fija en su "aparatico".

El fisicoculturista nivel avanzado:
Es aquel macancán hiperdesarrollado que es la especie única y exótica del gimnasio. Es al parecer, la única persona que ha logrado desarrollar su musculatura, y el único tipo que utiliza las pesas de más de 50 kg. Mira a los otros como bichos raros y a veces se burla disimuladamente de los flacuchos que le rodean.

La chica plástica:
Es de plástico por el material que constituyen su zona delantera y trasera. Sus asentaderas son de una tensión y rigidez "sospechosas" y sugieren que  tal vez, tal vez, no sean originales desde la concepción de su santa madrecita. Esta mujer hace muchos ejercicios para levantar la cola. Pero si la cola es un implante...¿será que el ejercicio lo ejercita?

El chico malo:
No es tan fornido como el fisicoculturista. Tiene tatuajes en sus brazos y es difícil sostenerle la mirada. Si uno lo mira unos segundos puede pensar que uno va a buscarle pleito o algo así. Su fuerte son las barras. Es por lo general flaco, pero tiene una fuerza descomunal, tal vez por un factor de resentimiento social acumulado en  su adrenalina.

El flacuchento primíparo:
Es aquel que se la pasa detrás del instructor pidiéndole que le explique el próximo ejercicio, mientras el instructor se le escabuye ya que está detrás de la chica plástica, la cual anda detrás del fisicoculturista nivel avanzado, quien a su vez anda buscando el espejo donde se mira sus bíceps.
El flacuchento primíparo, en su afán de no quedarse atrás del chico malo y el fisicoculturista, exagera un poco la rutina al principio, tratando de  levantar pesos que no puede levantar por pura física y biología elemental. Cuando no puede levantar un peso, mira disimuladamente a su alrededor y hace unos ejercicios de estiramiento o contempla el celular (léase el punto anterior de "El atleta del celular").

Corredor/a de maratón:
Es aquella persona que está en la máquina trotadora. Uno ve que está efectivamente corriendo a una buena velocidad y que pasa el tiempo, y pasa el tiempo, y pasa el tiempo....y sigue ahí, y pareciera no cansarse. Uno ya se cansa, se seca con la toalla, va al baño, hace otra cosa, vuelve uno por esos lares y esa persona sigue ahí corriendo, hasta casi que ni suda. Uno se pregunta: ¿Es un robot? ¿Será parte de la decoración del gimnasio? ¿Qué clase de monstruo es eso por Dios? ¡Llamen un médico...un psicólogo! ¡Bajen a esa persona de ahí!

El habitante del gym:
Es aquella persona similar a la anterior que uno va al gym a cualquier hora del día y siempre esta ahí. Uno va en la mañana, a ver que pasa y ahí está levantando pesas. Uno va otro día, por decir en la tarde...¡Y ahí está haciendo abdominales! Uno va luego en la noche, bien tarde...¡Y esta ahí! Y no, no es el instructor, no es la señora que hace el aseo, ni siquiera el dueño del gimnasio. Es esa persona que parece que nació por generación espontánea del sudor de alguna toalla olvidada en un casillero, y se escurrió por una rendija y nació allí. No sale de allí, no tiene vida distinta a ese espacio cerrado y sudoroso, lleno de gemidos...¡Sáquenlo de ahí! ¡Hagan algo! ¡Policía!

El viejo fortachón:
Dícese de aquel viejo que está calvo, barrigón, que uno lo ve y uno dice: - No, no esté señor ya está fuera de circulación...
Pero va uno a ver y no. El tipo levanta mucho peso, salta lazo, hace 30 de pecho. Lo que pasa es que su fisonomía y su apariencia física no lo demuestran. Eso sí el tipo suda como caballo y ve uno el mapa dibujado en sus axilas, pero que hijuemadre para tener físico. Y aparte de eso, termina su rutina y va y juega un partido de baloncesto o micro...¡Admirable! ¡De verdad que sí!

La chica del "feis"
Es la que apenas llega al gym, se toma la foto pal feis. Todos tienen que saber en Twitter, Facebook e Instagram que estan en "Modo Gym" o "Gym Time". Aún más, todos se enteran cual fue su rutina y que parte del cuerpo es la que estaba ejercitando. Los mensajes de actualización de estado son:
"Fortaleciendo mis piernas" #workinghard  Claro, es que no puede faltar el hashtag en inglés con mensajes de superación personal deportiva tipo Nike o Reebook.  #justdoit #nuncaterindas

El/la de los ejercicios exóticos:
Es aquella persona que se sabe unos ejercicios tan rebuscados, para ejercitar quien sabe qué músculo por alla escondido, para darle forma al esternocleidomastoideo o al parangancutirimicuaro o quien sabe qué músculo tan escondido o minúsculo, que la única respuesta es ese ejercicio exótico.

Y bueno...hay muchos otros especímenes, pero para que no digan que es envidia, no menciono más. Uno trata de hacer ejercicio humildemente, como cualquier parroquiano, para no dejar que la barriga se la gane, pero en mi caso, de verdad que yo lo hago por salud. Independientemente del estilo que ustedes escojan, sea risible o no, por favor, hagan ejercicio, no se queden solo en la casa rascándose la panza o viendo novelas. El ejercicio es vida, salud, les baja el estrés y mejora la circulación. Se van a sentir mejor, se los recomiendo.

Ya está disponible en la Librería Nacional, el libro de humor SE HABLA COLOMBIANO (1 y 2) de LEQUERIN (Leonardo Quevedo Rincón).

Mas información de la segunda parte: SE HABLA COLOMBIANO 2







jueves, 22 de enero de 2015

COSAS QUE NO ME HARÍA



En todos los tiempos la raza humana ha procurado por diferentes motivos modificar su apariencia física, ya sea a través de cirugías, maquillajes, utilizar elementos postizos, prótesis, tatuajes, etc. Cada cual tiene sus motivaciones y son respetables. Cada loco con su cuento. En mi caso particular prefiero ser lo más natural posible. En una oportunidad intenté hacer un cambio drástico en mi apariencia y no funcionó. Recuerdo que esa vez acompañé a una amiga a una escuela de belleza donde realizaban tratamientos para el cabello gratis, precisamente para que las alumnas pudiesen practicar con las cabezas, cabelleras y cueros cabelludos de sus inocentes víctimas. En un súbito arrebato de locura decidí pintarme el pelo de un color que era algo así como ocre rojizo, no recuerdo bien el nombre del tono pero así lucía el resultado. Primero me decoloraron el cabello, incluyendo las cejas, y luego aplicaron el encendido tono. De regreso a mi casa pude sentir las miradas continuas de los compañeros de viaje en el colectivo. Eran miradas de asombro, estupor, curiosidad, o tal vez nadie miraba, era mi propia autosugestión de sentirme observado.
Las verdaderas miradas de consternación llegaron cuando llegué a mi casa. Mis padres ya estaban descansando en su cuarto, cuando yo entré como si nada y los saludé. Esa escena parecía una película de Alfred Hitchcock . Mis padres me miraban horrorizados, no podían pronunciar palabra alguna. La imagen del hijo serio y aplomado estaba siendo fuertemente cuestionada debido al espectáculo de cabello de fosforito que estaban observando. Su mirada era una combinación de enojo, asombro y espanto. Luego me dijeron: – Mañana se manda rapar. Y así fue. La verdad no duró mucho el experimento. Lo verraco fue disimular después el tinte de las cejas por lo que tuve que utilizar una tintura anti-canas de mi mamá que se aplicaba con una brochita. Al final del día se empezaba a diluir y a vislumbrar el tono claro de las cejas, por lo que cada mañana se repetía el ritual.
En fin, desde entonces he optado por una línea conservadora y natural, sin objetar claro está a aquellos que deciden, por múltiples razones, hacerse modificaciones en su apariencia, temporal o permanentemente. A continuación expondré en una tabla, las ventajas de lo natural en varios ejemplos de cosas que definitivamente no me haría. Tenga en cuenta esta tabla, imprímala, plastifíquela y guárdela en su billetera o bolso y téngala siempre a mano antes de tomar una decisión relativa a estos eventos.

       
COSA QUE NO ME HARÍA
BENEFICIO DE NO HACERLO
ALTERNATIVA
Tatuaje
Piel despejadita
Tatuaje lavable
Piercing
Piel sanita
Aretes de presión
Alargamiento del cuello
No parecerse a una jirafa
Caminar con el mentón elevado
Estiramiento facial
No parecerse a una jirafa con la cara estirada
Sonría como el guasón
Reducción de Cabeza
Mayor capacidad cerebral
Ver internet todo el día
Dentadura Metálica Hip Hop
No atraer rayos
Usar brackets
Implante de nalga
No parecerse a la jirafa que tiene la cara estirada y con implante de nalga
Use un cojín si lo que quiere es descansar al sentarse
Uñas postizas en los pies
Evitar la uña postiza encarnada
Uñas normales con las que nació
Orejas alienígenas
No lucir como un idiota
Lucir como un idiota

 

Tomado del libro SE HABLA COLOMBIANO (lequerin). Disponible en LIBRERIA NACIONAL

sábado, 23 de agosto de 2014

VIDEO Lanzamiento del libro SE HABLA COLOMBIANO 2

Lanzamiento del libro humorístico: SE HABLA COLOMBIANO 2

Autor: Leonardo Quevedo Rincón (lequerin)
Marzo 20 de 2014
Teatro Barajas
Bogotá, Colombia

Ver VIDEO LANZAMIENTO SHC2

Ver CORTOMETRAJE "UNA LLAMADA INESPERADA"

Ver Detrás de cámaras cortometraje

Adquirir el libro en LIBRERIA NACIONAL (On line)

Cortometraje UNA LLAMADA INESPERADA

Este cortometraje está basado en una historia de la vida real, la cual aparece plasmada de manera cómica en uno de los capítulos del libro mamagallístico SE HABLA COLOMBIANO 2.


 

Ficha  técnica cortometraje UNA LLAMADA INESPERADA: 
Actores: Julio Cesar León, Betty Sáez, Olga Lucía Loaiza, Yesenia Alonso Valdés, Genny Gamboa
Equipo Técnico: Enrique Garzón, Yenny León
Apoyo Logístico: Jackie Pedraza
Edición: Enrique Garzón (Ingravitto Films)
Dirigido por: Leonardo Quevedo Rincón, Enrique Garzón



domingo, 20 de julio de 2014

Los chismes de la Independencia



Las revistas y programas de chismes de la farsándula criolla, son siempre la misma vaina con diferentes víctimas en cada ocasión. ¿Cómo hubiesen sido los chismes de la época de la independencia? Yo creo que muy similares. A continuación algunas posibles habladurías de la época, cualquier similitud con el presente es pura coincidencia:


  • El virtuoso y ecuánime dirigente criollo, don Simón Bolívar, fue visto a altas horas de la noche rondando en calzoncillos la casa de la reconocida cantante de guascarrilera Manuelita Sáenz, quien posteriormente se negó a confirmar si tenía algún “affaire” con el prestigioso susodicho.

  • El actual virrey de Santafé de Bogotá, don Amar Petro y Borbón sigue recibiendo múltiples quejas debido a su floja administración. Las calles están infestadas de caca de caballo, el servicio de Transmimula no dispone de suficientes bestias, y todos los contratos son concedidos a la rosca de los nacidos en la madre patria.

  • El reconocido peluquero y vendedor de pelucas, don Crisanto Manofloja, oriundo de la villa de Mariquita, dice que las patillas del afamado dirigente criollo, el general Santander, ya están pasadas de moda, están “out”, y que debería hacerse un corte más moderno, estilo “lamido de vaca” o comprar una de sus pelucas de pelo de chivo.

  •  La famosa actriz Policarpa Salavarrieta, estuvo haciendo un arduo recorrido por varias poblaciones de nuestra patria, promocionando su nueva fotonovela. . Le auguramos lo mejor en esta nueva  y feliz etapa de su vida, luego de haber salido de rehabilitación debido a los problemas de alcoholismo que la aquejaban, particularmente por su afición a “jartar” pola.

  •  Nos visita en estos días el honorabilísimo embajador español, don Pablo Morillo. Viene en “son de paz” y dice que es muy respetuoso de las decisiones de los nuevos dirigentes criollos. Se le conoce como el “pacificador”, por lo que le damos una muy calurosa bienvenida.

  •  Tremendo agarrón se libró en la casa del distinguidísimo español don Manolo Llorente . Se cree que la causa del incidente fue el rompimiento de un florero costosísimo de la dinastía Ming que pertenecía a este chapetón. Llorente acusó del percance a un tal Antonio que venía desde Villavicencio aguantándose una “fullca” impresionante y solicitó los servicios de su retrete. En medio de la prisa tropezó con el florero y se quebró. Y ahí se armó un bonche de madre y señora mía!

Nota: los hechos aquí descritos son pura mamadera de gallo y no tienen ningún compromiso histórico.

Nota al pie: Pie, no se te olvide echarte un poquito de talcos

Fe de erratas: ¡Uy erratas! ¡Lo felicito, en estos tiempos de tanta incredulidad, hace falta gente como tú!
 Última hora: ¡Aguas!  Parece que el dizque respetabilísimo embajador Pablo Morillo, no venía con buenas intenciones. ¡Corred por vuestras vidas!

(Esta historia hace parte del libro SE HABLA COLOMBIANO. Puedes adquirirlo en LIBRERIA NACIONAL)