Páginas vistas en total

domingo, 20 de julio de 2014

Los chismes de la Independencia



Las revistas y programas de chismes de la farsándula criolla, son siempre la misma vaina con diferentes víctimas en cada ocasión. ¿Cómo hubiesen sido los chismes de la época de la independencia? Yo creo que muy similares. A continuación algunas posibles habladurías de la época, cualquier similitud con el presente es pura coincidencia:


  • El virtuoso y ecuánime dirigente criollo, don Simón Bolívar, fue visto a altas horas de la noche rondando en calzoncillos la casa de la reconocida cantante de guascarrilera Manuelita Sáenz, quien posteriormente se negó a confirmar si tenía algún “affaire” con el prestigioso susodicho.

  • El actual virrey de Santafé de Bogotá, don Amar Petro y Borbón sigue recibiendo múltiples quejas debido a su floja administración. Las calles están infestadas de caca de caballo, el servicio de Transmimula no dispone de suficientes bestias, y todos los contratos son concedidos a la rosca de los nacidos en la madre patria.

  • El reconocido peluquero y vendedor de pelucas, don Crisanto Manofloja, oriundo de la villa de Mariquita, dice que las patillas del afamado dirigente criollo, el general Santander, ya están pasadas de moda, están “out”, y que debería hacerse un corte más moderno, estilo “lamido de vaca” o comprar una de sus pelucas de pelo de chivo.

  •  La famosa actriz Policarpa Salavarrieta, estuvo haciendo un arduo recorrido por varias poblaciones de nuestra patria, promocionando su nueva fotonovela. . Le auguramos lo mejor en esta nueva  y feliz etapa de su vida, luego de haber salido de rehabilitación debido a los problemas de alcoholismo que la aquejaban, particularmente por su afición a “jartar” pola.

  •  Nos visita en estos días el honorabilísimo embajador español, don Pablo Morillo. Viene en “son de paz” y dice que es muy respetuoso de las decisiones de los nuevos dirigentes criollos. Se le conoce como el “pacificador”, por lo que le damos una muy calurosa bienvenida.

  •  Tremendo agarrón se libró en la casa del distinguidísimo español don Manolo Llorente . Se cree que la causa del incidente fue el rompimiento de un florero costosísimo de la dinastía Ming que pertenecía a este chapetón. Llorente acusó del percance a un tal Antonio que venía desde Villavicencio aguantándose una “fullca” impresionante y solicitó los servicios de su retrete. En medio de la prisa tropezó con el florero y se quebró. Y ahí se armó un bonche de madre y señora mía!

Nota: los hechos aquí descritos son pura mamadera de gallo y no tienen ningún compromiso histórico.

Nota al pie: Pie, no se te olvide echarte un poquito de talcos

Fe de erratas: ¡Uy erratas! ¡Lo felicito, en estos tiempos de tanta incredulidad, hace falta gente como tú!
 Última hora: ¡Aguas!  Parece que el dizque respetabilísimo embajador Pablo Morillo, no venía con buenas intenciones. ¡Corred por vuestras vidas!

(Esta historia hace parte del libro SE HABLA COLOMBIANO. Puedes adquirirlo en LIBRERIA NACIONAL)

martes, 8 de julio de 2014

Libro SE HABLA COLOMBIANO 2, El mamagallismo continúa.

Ya está disponible en la Librería Nacional, el libro de humor de LEQUERIN (Leonardo Quevedo Rincón).

SE HABLA COLOMBIANO 2  sigue explorando el humor llegando al punto de la paranoia. Porque vivir en  Colombia es de por sí un acto heroico, donde la gente sobrevive aun así con alegría. LEQUERIN (Leonardo Quevedo Rincón) presenta en este tomo nuevas facetas de nuestra idiosincrasia:

  •  Las respuestas de las reinas, un enigma que solo expertos pueden resolver.
  • El desespero que implica solicitar un documento en las múltiples oficinas paquidérmicas de nuestro hermoso país.

  • Los sufrimientos del Pobre Senadorcito en lenguaje de rima.

Algunas  vivencias que son comunes en todos los colombianos como soportar la pitadera obsesiva de los conductores en nuestras ciudades, la vieja costumbre de dar regalos,  el típico hombre o mujer disfrazado de estatua: ¿sabemos lo que está pensando?,  las cosas que tratamos de aprender en el colegio, y continúa la saga de vivencias al interior de un baño, en este caso los públicos.

LEQUERÍN también narra la vez que tuvo que rescatar a una chica en una casa y también cuando tuvo que confrontar a un individuo cuasi neurótico obsesionado con su maletín.
La idea es relajarse, disfrutar las historias una a una, bajarle al estrés y reírse un rato. A veces la vida no que hay tomársela tan en serio, sino aprender a verla desde un punto de vista diferente y ameno.
Lee la introducción:


INTRODUCCIÓN
Entrevista a Lequerin...


¿Por qué le dio por escribir un blog mamagallístico?
Este...que te dijera...todo empezó una noche inspiradora, etérea...me encontraba en el campo y afuera se escuchaban las cigarras y los grillos hacer su danza ancestral...

¿Está hablando en serio?
No. La verdad fue que  todo empezó como un ejercicio de catarsis existencial. Quería expresar una cantidad de cosas reprimidas, puntos de vista, observaciones de la vida cotidiana que quería transmitir y compartir con otros. Había notado que ciertas cosas que yo veía, otros no. O tal vez, no se habían tomado el trabajo de plasmarlo en un papel.

¿Pero por qué el nombre de SE HABLA COLOMBIANO?
Quise utilizar un nombre que fuese llamativo, con el cual todos se pudiesen identificar. Tal vez algunos se pueden confundir y esperan que yo hable de los dichos populares o que haga una descripción de la forma de hablar de ciertas regiones del país. Pero no tengo ese interés. Es básicamente compartir mis puntos de vista, los de un parroquiano más que habita en la capital del país y que duerme, vive, sueña, come, cocina arroz con huevo y también tiene el hábito regular de bañarse casi todos los días.

¿Y de dónde salió la idea del libro?
Del cerebro en un sentido estricto. Pero en un sentido más amplio, a medida que las historias fueron creciendo y los fans del blog también, empecé a recibir unos comentarios de colegas cercanos quienes me sugirieron que podía elaborar un libro a partir de los contenidos ya publicados en el blog. Empecé entonces a corregir los textos, ilustrarlos, organizarlos, pasarlos por latonería y pintura y así sucesivamente hasta dar a luz un libro.

¿Cómo es eso de dar a luz un libro?
Es en realidad una experiencia que nunca he visto en mi vida. En los documentales que he visto por televisión, aún en los casos más excepcionales siempre he visto que sale un ser humano por allá abajo...o un poco más arriba en caso de una cesárea.

...Me refiero al proceso de engendrar un libro...
Claro, es algo muy emocionante, en realidad recomiendo a cada persona que haga el intento de escribir, dibujar, crear, lo que sea. Pero estoy convencido que cada persona puede dejar un legado en este planeta, un libro puede ser un buen pretexto. Otros sembrar árboles, otros tener hijos. En fin, vale la pena arriesgarse e intentar trascender a través de la creatividad...

...Se puso un poco trascendental...
Sí...todo empezó, como le venía contando, cuando las cigarras y los grillos hacían su típico sonido de graznido...

...y volvió el humor...
Creo que la vida tiene ese toque de tragicomedia que nos hace saltar con facilidad de la risa al llanto, del llanto a la risa, y todo esto en el sentido contrario. La cotidianidad, la mentalidad de los colombianos, la forma de pensar, actuar y reaccionar, nos hacen personas que por alguna razón inexplicable, seamos los primeros en las listas de los países felices de la tierra.

Y ya vas por el segundo libro.
Ajá, es que el humor sigue y sigue, así como la vida. Hay mucho material por escribir, pues los colombianos tenemos muchas cosas locas que son dignas de una enciclopedia completa.

¡Gracias por esta autoentrevista!
Ha sido un placer y espero poder seguir autohablando prontamente con usted. Hasta luego.



martes, 20 de mayo de 2014

La Misión de llenar el álbum

La clasificación de la selección colombiana de fútbol al mundial de Brasil, ha generado gran conmoción, ya que hacía un buen tiempo no teníamos el privilegio de ver a nuestros deportistas luchando por la copa. El consabido marketing que se mueve detrás de estos eventos es monumental. Miles de personas compran camisetas, pitos, cornetas, maquillaje tricolor, videos, afiches, pasajes a Brasil y por supuesto no pueden faltar los que compramos el famoso álbum  de “monitas” (láminas) adhesivas, con el fin de perpetuar en nuestra memoria los rostros de aquellos jugadores que fueron partícipes de la franca lucha de titanes futboleros.

Primero compré la caja de cien sobres. Este es el impulso inicial para que el álbum no se vea tan “pelado”. Luego empecé a buscar otros aficionados con los cuales intercambiar las láminas, pero fue algo difícil en mi trabajo. Logré intercambiar algunas y luego empecé a leer en Facebook los estados de algunos amigos: “Ya llené el álbum”, “Misión cumplida”, “Sí se pudo”, etc. Estados que por lo general causan ansiedad. Yo digo: Oh, y ahora… ¿Quién podrá defenderme? ¿Quién se apiadará de esta alma y me ayudará a cambiar monas?... ¡Necesito llenar este álbum antes que empiece el mundial! ¡No me puedo quedar atrás!

Pude contactar a un amigo y quedamos de vernos un fin de semana para hacer el intercambio. Pero la cita se postergaba y nada que podíamos vernos. Finalmente acordamos encontrarnos por ahí cerca a los parqueaderos del estadio el Campín. Era ya un poco tarde y empecé a caminar dando vueltas cerca al parqueadero.  Hacía frío y tenía un saco con capucha. Tenía puestos unos lentes oscuros y trataba de no quedarme en un solo sitio para no dar papaya. La policía circulaba seguido por este lugar y no quería parecer como algún traficante de alguna mercancía ilegal. Era tan solo tráfico de “monitas”. 

El intercambio pronto se iba a dar y llamé al contacto. Dijo que se aproximaba en su vehículo, que no tardaría en llegar. Caminé otro poco y a unos cien metros vi tres jóvenes con cara de “enmariguanados”…decidí alejarme de esa zona. Me alejé unas dos cuadras. El frío no menguaba y tardaba en llegar. Miré a mi alrededor sigilosamente, saqué mi celular y lo llamé de nuevo: dijo que en dos minutos estaría en la zona. Así fue. Vi un carro lujoso detenerse en una esquina y me acerqué. Efectivamente era el contacto. Subí al vehículo y le hice entrega de la mercancía:

-          - Todo está completo. Puedes irte.
-          - Gracias-, le dije.  Y marché.

Salí corriendo en medio de la oscuridad…bueno tal vez esté exagerando un poco, pero así me sentí. Es el tráfico legal de las monitas. Todo sea por llenar el álbum.

Luego me uní a un grupo en Facebook, donde realizan intercambios. Logré establecer un par de contactos  en una estación de Transmilenio.

-          - Nos vemos en media hora. Ahí en la puerta-. Le escribí por el chat a uno de ellos.
-          - Listo… pero… ¿Tiene la 397?
-          - Sí. Fresco.
-          - Es que esa es la más importante.
-          - ¡No se preocupe, allá nos vemos!

Cité a dos personas en la estación y  me ubiqué cerca a la puerta de acceso. Los sujetos llegarían en cuestión de minutos. Yo les di las señas para evitar confusiones:

-          - Tengo camiseta blanca y voy a llegar también con un saco verde deportivo.

Una pareja se encontró en ese lugar y se dieron un beso de película. Yo procuraba no distraerme, mi misión no podía ser interrumpida. El intercambio tenía que hacerse. Puntualmente llegó el primer individuo. Dijo que iba a estar vestido con traje gris y corbata roja. Se acercó, nos dimos la mano y me cercioré que efectivamente su corbata fuera roja. No quería ser objeto de algún paquete chileno y que me diera monitas de algún álbum de Disney o algo parecido. El sujeto sacó varios paquetes de láminas enrollados en cauchos e iniciamos el intercambio. Todo salió según lo planeado y obtuve buenos dividendos. 

De repente me di la vuelta y vi a un joven, casi un niño, de unos catorce años, observándonos. Me llevé la mano al bolsillo trasero pero afortunadamente no tenía nada allí. Solo una botella plástica de una Pony Malta que me estaba tomando. El cuasi niño, quería ingresar de forma ilícita al Transmilenio, estaba a la expectativa, esperando alguna montonera para lograr meterse gratis, sin embargo una empleada le dijo que se alejara, que no hiciera trampa. El muchachito respondió un poco grosero y trató de armarle “bonche” a un auxiliar de policía, quien de manera indiferente decidió seguir mirando a la pantalla de su celular. De nuevo, el chicuelo, el cuasi-niño, el adolescente prematuro, se hizo a un lado. Usaba una cachucha y un esqueleto. Sentí un leve impulso de gastarle el pasaje, pero mi misión debía continuar, no me podía distraer, y seguí esperando al segundo individuo que había citado. 

Llego un poco despelucado y dijo que mi chaqueta no le parecía tan verde. Dijo que le pareció  como muy oscura, tal vez estaba esperando un verde pollito o algo así. Hicimos el trueque esperado y obtuve dos monitas de Brasil. La misión se había cumplido. Regresé a casa, sano y salvo, orgulloso de haber hecho el tráfico legal de monitas sin inconveniente alguno. Todo sea por tener el recuerdo del álbum que, cuando empiece el mundial, va a quedar por ahí guardado porque estaré mirando los partidos. Así pasó en el mundial pasado. Sin embargo, vale la pena. Es que ver a Colombia, la selección de mi patria en un mundial de fútbol, es algo que no se ve todos los días.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Lanzamiento del libro SE HABLA COLOMBIANO 2

Primero que todo un saludo muy especial a todas las personas que nos acompañaron en el lanzamiento del libro SE HABLA COLOMBIANO 2. Realizar un evento requiere de un equipo de trabajo y cada persona aporta su granito de arena.

No voy a negarlo. Fue agotador. ¿Por qué? Bueno, no solo se hizo el evento de lanzamiento, sino que también se hizo un CORTOMETRAJE. El corto corresponde a la historia "Crónica de un rescate anunciado", que se encuentra en el libro SE HABLA COLOMBIANO 2. El corto UNA LLAMADA INESPERADA, fue algo...¡inesperado! En realidad queríamos desarrollar la historia de EL MALETÍN NEGRO, del cual se hizo una obra de teatro en el lanzamiento del primer libro. Sin embargo, a última hora, el actor principal Diego Aguilar viajó a Canadá para seguir colonizando ese frío país. De manera que mis ambiciones cinematográficas quedaron en un congelador temporal.

 Luego, cuando finalicé la elaboración del libro, le eché cabeza a que se podría hacer para el lanzamiento del mismo. Entonces retomé la idea de hacer un cortometraje, pero esta vez con otra historia. Es una anécdota basada en la vida real: una amiga me llama de forma inesperada y me comenta acerca de una situación, un conflicto que tuvo con la dueña de la casa donde tenía alquilada una habitación. Eso fue un chicharrón de madre y señora mía, que hasta nos tocó llamar a la policía para que nos escoltara. La historia quedó plasmada en el libro, claro está, en una versión humorística y omitiendo los nombres reales, hasta el mío propio, con el fin de garantizar la seguridad a sus protagonistas.

Y emprendimos la aventura de realizar un corto cuyos actores parece que inicialmente no se la creían. Yo les dije: chicos y chicas, vamos con toda este fin de semana. Vamos a tener equipos profesionales, luces, cámaras, sonido. Pero parece que no se la creían. Algunos tenían otros compromisos y realmente me hicieron sufrir. Hasta el punto que yo pensé: si tengo que actuar, lo hago, pero ya no había más tiempo pues el lanzamiento estaba encima. El día uno de filmación terminamos a eso de la medianoche y parecía que los actores sí se habían creído el cuento. Mi apartamento se transformó en un set de grabación. Al día siguiente, filmamos en otra casa ubicada en el barrio Eduardo Santos de Bogotá.Una casa vieja, grande, óptima para hacer películas de terror, pero en esta ocasión el humor era el protagonista estrella. La última escena la terminamos al otro día a las 3 am, en un paradero de la octava sur, el día de las elecciones. Fue una experiencia fuera de lo común, novedosa, enriquecedora y a la vez un desafío. El resultado, un corto mamagallístico que tal vez no gane un Óscar de la academia, pero que ha valido la pena desarrollar.

 Y luego vino el lanzamiento, donde uno de los actores del corto, Julio Cesar León, también debía ser protagonista. Ahora teníamos que armar el monólogo para arrancar el NIGHT SHOW. Sufrimos un poco porque el tiempo era corto. Vimos que la mejor opción era narrar algunas vivencias de la vida de Julio, enfocándonos en algunas dificultades en su área laboral y de cómo ser un psicólogo sin empleo que tiene que trabajar en ventas como única opción laboral.


También hubo un elemento muy interesante. La presencia de títeres en el escenario. ¿Y quienes son estos títeres? Bueno. Uno de ellos es Jack. El personaje mascota de SE HABLA COLOMBIANO. Es el típico muñequito curioso, que de niño dibujaba en los cuadernos o en el tablero de clase. El muñequito que se asoma como preguntándose: ¿Qué hay de nuevo? Posteriormente Jack hizo parte de una historieta llamada CUPIDO Y AMIGOS, la cual hace parte de la revista LOS MONACHOS DE LEQUERIN, publicada en el 2012. Esta historieta, es un proyecto que áun está incipiente, pero que incluye otros personajes, entre ellos Juana. Juana es una chica intelectual pero inquieta a la vez. En el lanzamiento, Juana se presenta como la fan enamorada de LEQUERIN, es decir , se enamora de mí. Claro que yo no me dejo seducir por sus encantos sino que la mantengo a raya.

Cada lanzamiento es una experiencia única y que ha traído grandes satisfacciones. Por eso de nuevo un agradecimiento muy especial a toda la gente que nos apoyó. Y al público en general, la invitación es a que lean los libros de SE HABLA COLOMBIANO, que le bajen al estrés y que saquen un ratico para reir. ¡Nos vemos en la  próxima!

Ficha  técnica cortometraje UNA LLAMADA INESPERADA: 
Actores: Julio Cesar León, Betty Sáez, Olga Lucía Loaiza, Yesenia Alonso Valdés, Genny Gamboa
Equipo Técnico: Enrique Garzón, Yenny León
Apoyo Logístico: Jackie Pedraza
Edición: Enrique Garzón (Ingravitto Films)
Dirigido por: Leonardo Quevedo Rincón, Enrique Garzón

Equipo de trabajo LANZAMIENTO DEL LIBRO "SE HABLA COLOMBIANO 2"
Alimentos: Jackie Pedraza, Andrea Masuthier
Ventas: Olga Lucía Loaiza, Jackie Pedraza
Logística: Lili Cubillos, Betty Saez, Olga Lucía Loaiza
Filmación: Oscar Mauricio Palma
Sonido y luces: Cesar García
Presentador invitado: Julio Cesar León
Escrito  y dirigido por: Leonardo Quevedo Rincón
Videos de apoyo: Leonardo Quevedo Rincón



miércoles, 29 de mayo de 2013

La pitadera

El nivel de ruido de nuestra capital ha aumentado y mi nivel de tolerancia ha disminuido. Creo que he desarrollado con el tiempo esa capacidad de oido biónico, que me permite diferenciar los ruidos que componen la orquesta antisinfónica urbana de cualquier calle congestionada en Bogotá. En la última ocasión calculo que escuche un pito de automóvil en intervalos de aproximadamente cinco segundos, y eso siendo optimista. ¿De dónde surge la obsesión por tocar el pito? En civilizaciones civilizadas (y disculpen la redundancia), encontramos normas y leyes que prohiben el uso del pito. En esos lugares que parecen de otro planeta, el pito es una accesorio utilizado solo en caso de algo excepcional, por ejemplo, si ve a Godzilla aproximarse o para notificar a la policía acerca de la presencia de un zombie. Suena un poco exagerado, pero en serio, así es de frecuente que uno escucha un pito.

¿Por qué esa obsesión por usar el pito?  ¿Por qué la pitadera? ¿Por qué estos conductores no pueden refrenar su ira acumulada por años de humillaciones y vejaciones en tal vez circunstancias que quien sabe como ocurrieron en su niñez? Porque tal vez en la niñez podremos encontrar una de las causas fundamentales de esa irresistible atracción casi magnética por tocar la bocina. Creo que los caminadores y cochecitos son los principales responsables. Todo caminadorcito decente que se respete, tiene su panel de control que incluye por lo genera un pito o corneta. Es culpa de los fabricantes de caminadores y coches que colocan esos pitos desde los primeros años en los infantes y crean esa dependencia enfermiza por escuchar algún ruidito, algo sonoro, que calme su ansiedad auditiva, si se pudiera llamar de alguna manera.

Pero podemos regresar un poco más en el tiempo y señalar a estos molestos sonajeros y maracas que usualmente obsequian a los bebés. Y digo molestos no porque realmente lo sean, aún mas, si yo tengo la ocasión de estar cerca a un niño, me gusta tocar un rato la maraca y el sonajero. Es divertido, no lo niego. Son molestos por lo que han generado en estos adultos pitones (valga la expresión). La pregunta sería, ¿cómo hacer para romper el ciclo desde esa etapa primitiva? ¿Qué terapia sicológica podría funcionar para romper el cordón umbilical generado entre nuestro oído ansioso y la necesidad de nuestras extremidades generar el ruido?  Algunos se convierten en músicos y listo. Allí se  exterioriza y se libera ese fantasma del maraquero infantil. Otros boxean y ya. Es la terapia del percusionista pero en el cuerpo del rival. ¿Pero que hacen el resto de los mortales? ¡Tocar el pito del carro! ¡La pitadera obsesiva!

Ahora miremos el asunto desde un punto de vista más comprensivo. Cuando el niño suena la maraca, es porque  así calma su ansiedad, establece contacto con el mundo exterior, ejercita su sentido del oído, se manifiesta, se hace notar. Eso es lo que dicen, eso creo yo. Ningún bebé a la fecha ha podido describir con sus propias palabras el efecto que produce una maraca en él. Ningún bebé ha dicho: quiero tocar el pito porque me produce placer o algo por el estilo. Ellos solo tocan el pito y los papás logran que el pelao esté calmado unos minutos. El pito da alivio a los padres, les da unos minutos de tiempo de descanso. Pero cuando el adulto crece, quiere seguir llamando la atención. Es como si dijeran:

- ¿Creyeron que con la maraquita y con la cornetica se iban a librar tan fácil de mí? ¡Pues no! ¡Ahora tengo un pito que hace más ruido! ¡Ja ja ja! ¡Sí! ¡No me van a quitar del medio tan fácilmente! ¡Yo existo y voy a pitar! ...¡piiiiii!!! ¡piiiiii!!!


Y entre otras cosas, ¿en realidad sirve de algo pitar? No he visto que la onda sonora sea lo suficientemente fuerte como para que el carro que va adelante se desplace o los carros se abran hacia los lados, así como cuando el carro de Batman pasa. El pito no sirve para nada. Solo para fastidiar y generar tonalidades ruidosas en el tímpano. Solo sirve para destemplar la cera de los oídos. Tal vez ese sea el único beneficio, pitar para promover la limpieza auditiva.  En ese caso las personas podrían aprovechar el efecto" pitativo" y cargar unos copitos de algodón, de esta manera cuando visiten estas zonas de la ciudad limpiarse las orejas. Vea pues, ya le encontré alguna utilidad a la pitadera.

lunes, 11 de marzo de 2013

Entrevista a un gato lector


El invitado de hoy es Mimer, un gato que ha decidido incursionar en el mundo de la lectura. Hoy quisimos conocer acerca de sus impresiones del libro SE HABLA COLOMBIANO, acerca del mundo de la lectura y claro está, lo que se siente ser un gato colombiano, aun más, lo que se siente ser un gato.

ENTREVISTADOR: ¡Hola Mimer!
MIMER: ¡Hola entrevistador!

E: ¿Desde cuándo tu interés por la lectura?
M: Bueno, un día deambulaba por allí, destruyendo algunas almohadas, husmeando algo de comida de la cocina de mi ama, cuando descubrí que tal vez mi vida era algo mas que ronronear, maullar y comer comida para gatos

E: ¿Qué descubriste?
M: Que también había comida para perros. Y la comida de humanos, pero mejor que eso, descubrí que existían los domicilios, el inconveniente es que no sé marcar el teléfono para hacer el pedido,  y si lo lograse, no sabría como pedirlo. Pero bueno, estábamos hablando de la lectura. Descubrí unos buenos libros en la biblioteca de mi ama. Trate de lamerlos y luego combinarlos con comida para gato, pero el sabor del papel me pareció algo amargo para mi gusto.

E: Pero allí no terminó tu aventura….
M: No. Descubrí que era mas delicioso devorarlos pero a través de la lectura.

E: Qué interesante…
M: Ajá…

E: Y cuéntame Mimer, te dieron tu merecido…o sea TUMER…en tu caso MIMER…ecido?
M: Si, me dieron Mi MERecido por comerme un libro, pero luego me premiaron cuando supe que podía leerlos.

E: Y bueno, te he visto entusiasmado con el libro SE HABLA COLOMBIANO.  ¿Qué opinión te merece?
M: Me he reído como un gato, así, como cuando los gatos se ríen. Tengo que admitir que sentí algo de celos cuando llegué al artículo del perro, pero creo que esta entrevista es una reivindicación a nuestra raza gatuna.

E: Mimer, ¿Tu ama te mima?
M: Si. Mi ama me mima, mi ama me ama y a veces me mama, pero creo que ya superé esa etapa de lectura. No me subestimes. También me interesan lecturas tales como El gato con botas, Las aventuras de Gatúbela y Cien años de gatusoledad.

E: Te felicito. ¿Quieres enviar un mensaje a los jóvenes para que se motiven a leer?
M: Si. Quiero enviar un saludo muy especial a mi ama, que por favor me aliste la comida con doble porción que ya va siendo la hora del almuerzo. Y bueno, sí, un mensaje a todos aquellos gatos jóvenes que vagan por ahí sin un proyecto de vida, que por favor lean, que se instruyan, para que puedan ser  los gatos del futuro, los gatos que este país necesita. 

E: Mimer, muchas gracias por tu tiempo.
M: Cuando quieras. Por lo pronto debo irme a dormir un rato. Esta entrevista me ha dejado exhausto. ¿Tienes algún dulce para mí?

E: No, lo siento…
M: Está bien…no te preocupes, chao, o mejor dicho, miaooo!

jueves, 21 de febrero de 2013

Seguridad ante todo



Los controles en los aeropuertos son cada vez más exigentes. La paranoia colectiva originada por el terrorismo de algunos grupos tales como Al Qaeda y su extinto líder Osama Bin Laden, sectas apocalípticas,  reggeatoneros e hinchas de fútbol, han hecho de la seguridad una obsesión completa en todo el mundo. La policía y los encargados de la seguridad aeroportuaria ven en cada sujeto un posible portador de alguna bomba. Ya no se salva nadie. Una viejita puede traer una metralleta encaletada entre las naguas, una mujer embarazada puede no estarlo y tener en su vientre abultado una pipeta de gas. El típico individuo con barba de  ocho días, un diente desportillado, tres cicatrices en el rostro, el pelo desordenado, rostro de enojo y una sonrisa falsa repetitiva, similar a un tic, ya no es sospechoso. Puede ser un político, un diplomático o un marido maltratado. Las apariencias engañan. Lo digo con plenitud de conocimiento, porque yo trabajé en seguridad aeroportuaria. Hay muchos secretos que no se pueden revelar por obvias razones. Esto implicaría problemas con la KGB, la CIA, la DEA, el FBI, KFC y los KKK. 

Mi trabajo era  ser agente de aviación. ¿Qué hace un agente de aviación? En esencia, es la persona encargada de velar por la seguridad de un avión y sus pasajeros, a través de diversos controles previos de inspección, para evitar que ingresen a la aeronave sustancias alucinógenas, explosivos o personas con temperamento explosivo o alucinógeno. Para ello uno debe valerse de tecnología de punta como los rayos x.  Es tecnología de punta, ya que uno tiene que colocar la punta de la nariz sobre la pantalla para distinguir con nitidez los objetos que allí se proyectan.  ¿Qué se observa a través de estas pantallas? Infortunadamente no hay opciones de canales de entretenimiento, noticias o deportes. Únicamente radiografías de maletas. Cosas habituales, cosas que la gente normalmente carga en sus maletas, tales como: zapatos, ropa, comida, bates de beisbol, cráneos de simio, fósiles de estegosaurios e implantes mamarios de repuesto. Las achiras y los alfandoques crean suspicacias por lo que las maletas deben ser revisadas con mayor minuciosidad. Es cuando se avisa a los pasajeros que deben estar presentes en el momento de la revisión, ya que se pueden quejar ante la aerolínea porque el chicharrón fue hábilmente extraído de sus mogollas, o sus mangos fueron chupados y únicamente dejaron la pepa. Puede suceder…uno nunca sabe.

En ocasiones se hace una entrevista de seguridad. Esto con el fin de detectar si la persona dice la verdad. La técnica de inmersión de la cabeza en una alberca llena de agua, ha sido descartada, principalmente por los sobrecostos que generaría la posterior disposición  de toallas y uso de secadores de pelo. Los choques eléctricos son también muy costosos en estas épocas de crisis energética, por lo que hacer preguntas directas ahorra tiempo y recursos. Uno puede hacer preguntas como:

- Señor, ¿lleva una bomba en su maleta? ¿Es usted una mula del narcotráfico y tiene cocaína envuelta en bolas cubiertas de látex en su estómago? ¿Es usted un espía, doble agente de la KGB?-.

Son preguntas directas que ahorran bastante tiempo. En lugar de preguntar cuál es el motivo de su viaje o frases de cajón que no llevan a ningún lado. Las preguntas al grano permiten que el sospechoso entregue la mercancía, así sea un buen paquete de bocadillos veleños para repartir entre todo el equipo de trabajo. 

Uno tiene que ser observador de los más mínimos detalles. Si uno ve a una persona, por ejemplo, con un turbante en su cabeza, barba pronunciada, y que quiere llevar como equipaje de mano un pintoresco barril de madera, con un letrero pintado que dice TNT y del cual sobresale una mecha, uno le puede preguntar:

- ¿Cuál es el propósito de su viaje?-. 

Si la persona responde en un idioma medio  árabe y empieza a disparar al aire, entonces uno procede con la siguiente pregunta del cuestionario, por ejemplo indagar si durmió bien la noche anterior, especialmente por sus ojeras pronunciadas. Una vez oculto en el suelo, detrás del mostrador, se hace la tercera pregunta de rigor y se le grita:

 - ¿Señor, se encuentra alterado?-. 

Al negarse a responder esta pregunta, se puede empezar a creer que este individuo no tiene las mejores intenciones. En medio de la balacera, uno debe arrastrarse y llegar hasta donde se encuentre el supervisor de turno y sugerirle que el señor del turbante, por precaución, no debería viajar en el avión. Son diagnósticos y juicios de valor que solo un experto en seguridad, podría emitir. Es una habilidad especial para detectar, con ojo de águila, esos pasajeros que pueden ser una amenaza potencial, que al ojo del parroquiano  común  no podría ni siquiera intuir.

Es también labor del agente de aviación  inspeccionar el aeroplano. Revisar cada rincón con lupa, linterna, espejos, martillo y estetoscopio, buscando elementos sospechosos al interior o exterior de la aeronave. Si uno ve unos quesos en la bodega, hábilmente camuflados detrás de las paredes, debe llamar al supervisor de turno y comunicarle que en primera instancia se sospecha de la intención de tráfico de quesos. La policía debe intervenir inmediatamente y verificar que los quesos, son en realidad quesos. La policía determina el tipo de queso, la consistencia, si se pueden combinar con bocadillo o jamón. También pueden determinar que el queso sabe algo raro y que al ser consumidos con bocadillo, producen un efecto particular. Por ejemplo tener alucinaciones, ver elefantes rosados, euforia, excitación, sudoración y convulsiones con babaza. Cuando se llega a las convulsiones se debe analizar el bocadillo, ya que puede ser que el policía sufra del azúcar o algo similar. Sea este un buen momento para usar el estetoscopio y analizar al sujeto que se comió el queso, si aún sigue con vida. Como el bocadillo no estaba en el avión, entonces se analizan otras opciones. Se puede creer que el queso no era queso, sino más bien alguna sustancia radioactiva. Es algo complejo. Esto de la seguridad  no es fácil. Finalmente se podría pensar que en realidad el queso era droga o que había una colonia de ratones habitando el avión. 

Hay muchos secretos que no se pueden revelar, para evitar problemas con la ONU, la OTAN, la ORANGUTAN, o el ICBF. Solo puedo decirles que el queso, aunque no tiene nada que ver con la seguridad, está siempre presente de algún modo. Por ejemplo cuando se le solicita a algunos viajeros que se quiten los zapatos. Algunos emiten un fuerte olor a queso rancio, otros a queso podrido. Allí uno puede solicitar el apoyo de la policía, que son los expertos en queso, para determinar la variedad del mismo y sugerir al pasajero unos buenos talcos o una inmersión de sus pies en una alberca, pero con choques eléctricos. Debido a los costos que esto puede generar se les dice que por favor, de manera inmediata, se coloquen los zapatos.

Ahora que conocen algo del trabajo en seguridad, la próxima vez que viajen y les soliciten revisar su maleta, o les hagan quitar los zapatos,  no hagan mala cara. Más bien recuerden que estos agentes son personas, que sufren, que lloran, que ríen, pero que también están allí por el bienestar de todos, para que su viaje sea placentero.