La pitadera

El nivel de ruido de nuestra capital ha aumentado y mi nivel de tolerancia ha disminuido. Creo que he desarrollado con el tiempo esa capacidad de oido biónico, que me permite diferenciar los ruidos que componen la orquesta antisinfónica urbana de cualquier calle congestionada en Bogotá. En la última ocasión calculo que escuche un pito de automóvil en intervalos de aproximadamente cinco segundos, y eso siendo optimista. ¿De dónde surge la obsesión por tocar el pito? En civilizaciones civilizadas (y disculpen la redundancia), encontramos normas y leyes que prohiben el uso del pito. En esos lugares que parecen de otro planeta, el pito es una accesorio utilizado solo en caso de algo excepcional, por ejemplo, si ve a Godzilla aproximarse o para notificar a la policía acerca de la presencia de un zombie. Suena un poco exagerado, pero en serio, así es de frecuente que uno escucha un pito.

¿Por qué esa obsesión por usar el pito?  ¿Por qué la pitadera? ¿Por qué estos conductores no pueden refrenar su ira acumulada por años de humillaciones y vejaciones en tal vez circunstancias que quien sabe como ocurrieron en su niñez? Porque tal vez en la niñez podremos encontrar una de las causas fundamentales de esa irresistible atracción casi magnética por tocar la bocina. Creo que los caminadores y cochecitos son los principales responsables. Todo caminadorcito decente que se respete, tiene su panel de control que incluye por lo genera un pito o corneta. Es culpa de los fabricantes de caminadores y coches que colocan esos pitos desde los primeros años en los infantes y crean esa dependencia enfermiza por escuchar algún ruidito, algo sonoro, que calme su ansiedad auditiva, si se pudiera llamar de alguna manera.

Pero podemos regresar un poco más en el tiempo y señalar a estos molestos sonajeros y maracas que usualmente obsequian a los bebés. Y digo molestos no porque realmente lo sean, aún mas, si yo tengo la ocasión de estar cerca a un niño, me gusta tocar un rato la maraca y el sonajero. Es divertido, no lo niego. Son molestos por lo que han generado en estos adultos pitones (valga la expresión). La pregunta sería, ¿cómo hacer para romper el ciclo desde esa etapa primitiva? ¿Qué terapia sicológica podría funcionar para romper el cordón umbilical generado entre nuestro oído ansioso y la necesidad de nuestras extremidades generar el ruido?  Algunos se convierten en músicos y listo. Allí se  exterioriza y se libera ese fantasma del maraquero infantil. Otros boxean y ya. Es la terapia del percusionista pero en el cuerpo del rival. ¿Pero que hacen el resto de los mortales? ¡Tocar el pito del carro! ¡La pitadera obsesiva!

Ahora miremos el asunto desde un punto de vista más comprensivo. Cuando el niño suena la maraca, es porque  así calma su ansiedad, establece contacto con el mundo exterior, ejercita su sentido del oído, se manifiesta, se hace notar. Eso es lo que dicen, eso creo yo. Ningún bebé a la fecha ha podido describir con sus propias palabras el efecto que produce una maraca en él. Ningún bebé ha dicho: quiero tocar el pito porque me produce placer o algo por el estilo. Ellos solo tocan el pito y los papás logran que el pelao esté calmado unos minutos. El pito da alivio a los padres, les da unos minutos de tiempo de descanso. Pero cuando el adulto crece, quiere seguir llamando la atención. Es como si dijeran:

- ¿Creyeron que con la maraquita y con la cornetica se iban a librar tan fácil de mí? ¡Pues no! ¡Ahora tengo un pito que hace más ruido! ¡Ja ja ja! ¡Sí! ¡No me van a quitar del medio tan fácilmente! ¡Yo existo y voy a pitar! ...¡piiiiii!!! ¡piiiiii!!!


Y entre otras cosas, ¿en realidad sirve de algo pitar? No he visto que la onda sonora sea lo suficientemente fuerte como para que el carro que va adelante se desplace o los carros se abran hacia los lados, así como cuando el carro de Batman pasa. El pito no sirve para nada. Solo para fastidiar y generar tonalidades ruidosas en el tímpano. Solo sirve para destemplar la cera de los oídos. Tal vez ese sea el único beneficio, pitar para promover la limpieza auditiva.  En ese caso las personas podrían aprovechar el efecto" pitativo" y cargar unos copitos de algodón, de esta manera cuando visiten estas zonas de la ciudad limpiarse las orejas. Vea pues, ya le encontré alguna utilidad a la pitadera.

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